Crónica de un cabaret infernal [VERSIÓN CASTELLANO]

Andrea Balart, Irina Balart, Íngrid Gustems. BARCELONA. Terror, humor, erotismo y espectacularidad. Estos serían los mejores adjetivos para describir el Cabaret Maldito, la tercera parte de la trilogía del Circo de los Horrores que se estrenó ayer a las 20:30h en Barcelona. Un show poco convencional, sin normas ni tabúes a la hora de mostrar los deseos más oscuros y perversos de la sociedad.

Nada más entrar en la carpa negra, un predicador con un megáfono alertaba a los espectadores que no accedieran al circo mientras los tildaba de pervertidos. Y tenía razón. Cuando el público accedía al recinto hacía un pacto implícito con el mismo diablo (Suso Silva). La interacción entre los artistas y el auditorio fue constante. Los demonios, los travestidos y las perras del Infierno preguntaron al auditorio sobre sus fantasías sexuales, los hicieron confesar sus pecados en un tipo de confesionario donde Lucifer hacía de juez, los obligaron a bailar sensualmente e incluso a imitar un orgasmo. Sin duda, un espectáculo que nadie se esperaba.

La historia empieza cuando diferentes personajes, entre ellos unas jóvenes beatas, un repartidor de diarios, un portador de maletas o una pareja de Las Vegas, deciden vender su alma al demonio y entran al Cabaret Maldito. A partir de aquí estos artistas irán realizando vertiginosos números circenses (algunos extremadamente peligrosos), y el público conocerá los seres que habitan en el Infierno (un demonio transexual, un enano que representa el bufón de Lucifer o unas diablesas muy seductoras).

La primera referencia al circo la encontramos en el número “Tango para tres”, en que una chica, después de bailar con un demonio y con una diablesa, realiza acrobacias aéreas con una cuerda de 12 metros de altura. Un espectáculo elegante que hizo que el público no desviara ni un segundo la mirada. El patinaje también estuvo presente en el Circo de los Horrores: la pareja de Las Vegas muestra su pasión haciendo arriesgados giros (que en algunos momentos llegaban a los 70km/h) y acrobacias sobre una pequeña mesa redonda.

Sin duda, la escena que más miedo ocasionó en la audiencia fue El péndulo de la muerte. Dos artistas, que representan un portador de maletas y un repartidor de diarios, realizan equilibrios sobre un gigantesco péndulo. Cuando uno de ellos se pone sobre el aparato que gira a gran velocidad y se tapa los ojos con una capucha, el público grita atemorizado. El resto de representaciones tampoco dejó indiferente a nadie. Las etíopes contorsionistas, el trío de acróbatas que destacan por su fuerza y las artistas que realizan diferentes números dentro de una copa de agua también recibieron un gran aplauso.

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El sexo estuvo presente durante toda la función. Cabaret Maldito muestra todo tipo de tendencias sexuales: transexuales, lesbianas, tríos u orgías. La vestimenta tanto de los artistas masculinos como femeninos es provocadora en sí. Las chicas traían ajustados corsés con medias y ligas y los hombres iban sin camiseta. Además, tal como indica su nombre, se encuentran elementos propios del cabaret como es el striptease, los bailes sensuales que hacen las seguidoras de Lucifer y la seducción al público.

El show, continuando con la esencia de las otras dos entregas, además del circo, combina el teatro y la música en directo. La obra sigue una estructura lineal y cronológica y en muchas de las escenas aparece una cantante que da más autenticidad a la exhibición. Además, se pueden observar grandes coreografías de baile dirigidas por la famosa Lola González.

Todo espectáculo tiene un maestro de ceremonias y el Cabaret Maldito tiene a Lucifer. Este personaje que encarna al mal intenta inducir al público para que se pase al “lado oscuro”. Suso Silva representa la evolución de Nosferatu (el primer vampiro) y el rey de los locos, dos personajes que en realidad son uno solo y que aparecieron a las anteriores obras de la trilogía. El director es el encargado de personificar el rey de los demonios y con un lenguaje sucio y descarado se dirige a todo el mundo: le habla al calvo de la segunda fila, al “rojo” de la grada, a la “zorra” de los cabellos rubios y a su novio, el “empotrador”.

El elenco, cercano y todo el rato metido en su papel, se acercó a los seguidores después del show para hacerse fotos con ellos, y allí se pudo ver a la matriarca del Circo Raluy, el competidor directo de Cabaret Maldito en el Port Vell. Luisa Raluy felicitó a los artistas y disfrutó de un anonimato al que no está acostumbrada en sus números, pero que de seguro agradeció.

Cabaret Maldito, un espectáculo dividido en dos partes para facilitar el descanso tanto de los artistas como de la audiencia, acaba con el predicador del principio convertido en demonio, con un mensaje profundo de respeto hacia lo que es diferente y con un público entregado al lado oscuro, con brazos arriba y manos en forma de cuernos y un grito unánime: “enciende un diablo en mí”.

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